Al atisbar la tarde, miro las nubes grises
flotando en el silencio del oscuro marjal,
ahí estás barquerita con los ojos felices,
diciendo que las cosas no parecen igual.
En saco de tiniebla guardaste mi memoria,
no escuchaste, de lejos, mis angustiados gritos;
cubriste con ceniza la mañanera historia,
y en el jardín crecieron los cardos infinitos.
Tu imagen ha emigrado al fondo del recuerdo,
ya no alumbra, no huele, ni emerge en mi pasión;
hoy es difuso embrollo en total desacuerdo
y pesadumbres grandes ahogan su razón.
Profanaron tus luces caminerita ausente,
¡dieron muerte a tu gallo las madrugadas frías!
Se te desploma el mundo y tu alma no lo siente
pronto vendrán las noches a llevarse tus días.
Oírán tus oídos mil extraños rumores,
y el círculo sagrado que habitamos los dos...
quedará en tu memoria como un jardín sin flores
donde plácidos vagan los ecos de mi voz.
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